RADIO FE LATINA

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Todos tenemos el compromiso de asumir la responsabilidad, de responder como Hijos de Dios ,buscando siempre lo más perfecto, lo más bueno y rechazando todo mal . El cristiano solo se pone mal cuando ofende a los hermanos y no por el mal recibido,

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Virgen Santisima Maria a ti te Honramos y glorificamos en tu Inmaculada Concepcion

Todos estamos llamados a la santidad, a ser felices.

Todos estamos llamados a la santidad, a ser felices. Pero, ¿qué camino he de escoger yo en esta vida?
¿casarme o vivir solo? ¿ser misionero? ¿ser monja? ¿ser sacerdote? ¿Qué seré en esta vida?
Hay una experiencia que compartimos todos los seres humanos, todos nos hacemos preguntas. A todos nos inquieta el futuro, nuestro futuro, mi futuro. Me gustaría tenerlo todo claro, todo decidido, todo conseguido, pero la verdad es que no es así. En nuestra vida hay innumerables dudas. Pero entre todas ellas, hay una que posiblemente sea la que más nos aprieta:
¿Qué seré? ¿A qué me dedicaré en la vida para conseguir mi mayor objetivo, que es ser feliz? ¿Qué tengo que hacer para llevar a cabo los deseos y anhelos más íntimos de mi corazón, incluso aquellos que seguramente no me he atrevido a contar a nadie?
Todos necesitamos encontrar el sentido de nuestra vida, es decir, aquellos ideales por los que yo me decido libremente, y los convierto en mi razón fundamental para vivir y para actuar. La consecución de esos ideales se convierte para mí en apasionante motivo para luchar, esforzarme y superar las dificultades. Conseguirlo me hace feliz, da sentido a mi vida.
Pero esta búsqueda no siempre es fácil. Hay momentos en los que lo tenemos todo muy claro, pero en otros la confusión nos invade. Muchas personas se rinden en el camino y se conforman con encontrar pequeñas satisfacciones al momento actual y renuncian a construir un proyecto de felicidad, pero también es cierto que otros muchos, con tenacidad y constancia intentan caminar entre las dudas, y encuentran la luz.
Y en esta búsqueda los cristianos sabemos que no estamos solos. Dios, que no es una idea, ni un concepto, ni un mito; sino que, como dice el Catecismo, es nuestro Padre, vivo real y presente en la historia de los hombres, es quien nos ha llamado a la vida, y quien en el fondo ha puesto en nuestro corazón esas semillas de inquietud por conseguir unos ideales. Por eso, caminar con ese empeño nos hace felices, porque en el fondo es hacer fructificar las semillas depositadas por nuestro Padre en nosotros. Es responder a vocación a la que Dios nos llama.
Porque la vocación es eso, la llamada que Dios, que es Padre, nos hace a cada uno de nosotros a vivir nuestra vida según el proyecto que nos ofrece a cada uno de sus hijos.
Lo que yo haga en esta vida ¿no es sólo asunto mío?
Cada uno de nosotros no estamos en el mundo por casualidad. Dios nos llama personalmente a cada uno a vivir en este mundo, con un proyecto más grande, llegar a vivir la plenitud junto a Él.
Por el Sacramento del Bautismo somos hijos amados de Dios. Por tanto podemos llamar a Dios, Padre; y a todos los demás hombres y mujeres, les reconocemos como hermanos. El bautismo es una llamada a formar parte de un Pueblo, el Pueblo de Dios; a vivir como Comunidad, no vamos por libre y en solitario; a formar parte de la Iglesia, cuya cabeza es el mismo Cristo, el primer llamado y el que ha vivido la vocación de una forma más perfecta.
Si somos capaces de valorar nuestra vida como regalo de Dios, regalo único e irrepetible, seremos capaces de reconocer que la fe es un nuevo regalo que nos ofrece nuestro Padre. Entonces seremos capaces de salir al encuentro de Cristo, que se ha hecho hombre para encontrarse con nosotros y manifestarnos el amor de Dios a sus criaturas. Este encuentro nos hará descubrir que a cada uno de nosotros Cristo nos llama a una misión, llevar a mis hermanos la Buena Nueva de la salvación. Como en otro tiempo hizo con los Apóstoles, hoy nos dice a nosotros, “Id por todo el mundo...Anunciad el Evangelio de la salvación a vuestros hermanos....Sed mis testigos”.
La vocación cristiana es la llamada de Cristo a seguir su misión, esto es, a ser Sal de la tierra y Luz del mundo
El Papa Juan Pablo II ha dicho que “toda vocación cristiana encuentra su fundamento en la elección gratuita y precedente de parte del Padre. Él, como podemos leer en la Carta a los Efesios, nos eligió en Cristo para que fuéramos su pueblo... él nos destinó a ser adoptados como hijos suyos, por medio de Jesucristo. La historia de toda vocación cristiana es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde a Dios en el amor”.
¿Cómo puedo saber qué quiere Dios de mí?
Para ser “sensibles” a la vocación es necesario “estar en la onda de quien nos llama”, esto es:
Descubrir que Dios es nuestro Padre. Dios no es un concepto, una idea, una fuerza anónima o un elemento de la mitología mas o menos fantástico. Dios, así nos lo vemos en el Antiguo Testamento y así nos lo presenta Jesús, es un ser personal, vivo, que ama y dialoga con sus criaturas. Y a quien en presente le presentamos nuestras súplicas, le damos gracias y le sentimos cerca.
Profundizar en el conocimiento de Jesucristo; tomar la determinación de seguir sus huellas, abriendo nuestra vida a la salvación y vivir la fe cristiana, es decir, vivir comprometidos con Cristo Jesús y fiándonos plena y gozosamente en él.
Es necesario ser sensibles a los problemas de nuestros semejantes, problemas materiales como la pobreza, la marginación o la injusticia, pero también problemas espirituales como pueden ser el hambre de Dios o la falta de valores, con la seguridad de que en nombre de Jesús también nosotros podemos tener una palabra o un gesto eficaz de salvación para nuestro mundo.
Con todo lo que hemos dicho resulta fácil afirmar que todo proyecto de vocación cristiana pasa por pertenecer a la iglesia, es decir, formar parte de una comunidad de hombres bautizados, hombres y mujeres que han aceptado el proyecto de Jesús en sus vidas y se esfuerzan por vivirlo cada día de forma más plena.
En nuestra Iglesia, además, cada uno tenemos un puesto único. Dios acostumbra a llamar por nuestros propios nombres. Cada uno tenemos una responsabilidad. Cada uno debemos preguntarnos:
Señor, ¿qué quieres que haga?
La Iglesia tiene una misión de salvación en el mundo. Pero cada cristiano vive esa misión de una forma concreta según la llamada de Dios. Así lo dijo san Pablo en su carta a los Efesios (Ef. 4,11-13).
De acuerdo, yo quiero seguirte; pero ¿por dónde?
En la Iglesia existen tres caminos de realización de la gracia del Bautismo. Tres vocaciones necesarias para la vida de la misma. Tres caminos de realización cristiana:
LA VOCACIÓN SEGLAR
El Sacramento del bautismo es una llamada de Dios a participar del ser y de la misión de Jesucristo. Es una llamada a la configuración progresiva con Cristo.
Esto le da al seglar una capacidad de ser otro Cristo en el mundo. Allí donde un cristiano realiza su misión conscientemente está presente la Iglesia de Jesucristo.
El campo de acción del seglar es el mundo: la vida profesional, el centro de estudios, el barrio, la política, la familia etc...
LA VOCACIÓN A LA VIDA CONSAGRADA
Dios llama a hombres y mujeres a seguirle radicalmente con un estilo propio de vida.
Son cristianos que quieren seguir a Cristo en pobreza, no tener nada propio, sino al servicio de los demás; obediencia, vivir en disponibilidad total a la voluntad de Dios mediatizada en los superiores y la castidad, no formando una familia, pero dándose en un amor universal. Y todo ello viviendo en comunidad, es decir, en familia, entre hermanos.
Esta vocación se desarrolla con matices propios según el carisma del Fundador de una u otra congregación o instituto de vida consagrada. Los Fundadores han sido profetas que han sabido seguir a Jesucristo radicalmente en una época histórica concreta. Podemos recordar a muchos, por ejemplo Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Vicente de Paúl, Teresa de Calcuta, etc...
LA VOCACIÓN SACERDOTAL
El sacerdote es un hombre llamado por Jesús a ser todo para todos. Es un ministerio que se realiza como colaboradores del Obispo, sucesor de los Apóstoles. El sacerdote recibe el sacramento del Orden Sacerdotal mediante la imposición de las manos. Este gesto, realizado desde el principio por los Apóstoles, le une a una cadena sucesiva de hombres que han guardado la fidelidad a la tradición de la Iglesia; es decir, han querido ser fieles a los orígenes del cristianismo.
El sacerdote tiene en la comunidad tres funciones:
Predica la Palabra: Habla en nombre de Jesucristo para que quienes le escuchan le conozcan y se puedan convertir a él.
Preside los Sacramentos: Actúa en nombre de Jesucristo ante la comunidad. Preside la Eucaristía en la que proclama la Palabra de Jesús y parte y reparte a la comunidad el Cuerpo de Cristo, perdona los pecados, en nombre de Dios, y así en los demás Sacramentos.
Es Pastor y Guía del Pueblo: Aconseja, reprende, ilumina la fe, etc. Es decir, es el buen pastor que conoce a las ovejas y estas le conocen a él.
Tengo dudas, no sé qué hacer
Si te inquieta vivir tu vocación cristiana, se sincero, paciente, humilde y valiente contigo mismo y pregúntale a Jesús:
Señor, ¿qué quieres que haga con mi vida?¿Cuál es mi vocación? ¿Dónde y cómo podré servirte a ti y a los demás más y mejor?
La vocación es llamada de Dios. Pero hemos de tener la valentía de ponernos ante Él y preguntarle cuál es su voluntad.
La mayor alegría de un cristiano es poder decir un día: “Gracias, Señor, por encontrar mi vocación”, pues en definitiva ha encontrado su forma concreta de realización.
¿Qué vocación? Eso es cosa tuya y de Dios, pero no olvides que ya hay muchos jóvenes (y algunos no tan jóvenes) que te están diciendo: ¡SOY FELIZ!
¿Y tú?, ¿has empezado a buscar?, ¿has encontrado tu vocación?, ¿TE HAS DECIDIDO?
Pero, sobre todo, no lo olvides, ÁNIMO, pues el resultado de tu búsqueda es tu camino para alcanzar la felicidad, y seguramente la de muchos más

jueves, 2 de diciembre de 2010

martes, 23 de noviembre de 2010

domingo, 24 de octubre de 2010

Algunos obstáculos para ser santo

Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net


Ser santo es sencillo, pero requiere de mucha valentía, coraje y fortaleza, porque no es algo que "esté de moda" y que el ambiente te ayude a conseguir. Por el contrario, si quieres de verdad llegar a ser santo, encontrarás miles de obstáculos en el camino, empezando por ti mismo:

• Tu pasión dominante o "talón de Aquiles". Si observas un poco tu vida, encontrarás que miles de veces no has respondido como Dios lo esperaba de ti. Frente al llamado que te hace Dios a la perfección, encontrarás en tu vida presunciones, desesperaciones, perezas, enojos, riñas, odios, gula, impurezas, supersticiones, mentiras, venganzas y omisiones. Luchar contra todo esto a la vez puede resultar imposible, como si trataras de matar a miles de mosquitos dando golpes con una espada en el aire. Lo que tienes que encontrar es la raíz de estas caídas, tu talón de Aquiles, el nido de donde provienen los mosquitos, y arremeter contra él con todas tus fuerzas. Algunos tienen este defecto dominante en los ojos, otros en la lengua, otros en la imaginación. Si de verdad quieres ser santo, deberás descubrir cuál es el origen de tus defectos.

• El desánimo. Tal vez empieces a recorrer el camino hacia la santidad con grandes ilusiones, pero debes estar consciente de que vas a caer mil veces y vas a tener que levantarte otras tantas. El desánimo es “guillotina de santos”; no permitas que se apodere de tu vida y te haga decir o pensar que no sirves para eso, que tienes demasiados defectos, que no eres capaz. Todos los santos han tenido defectos y fallos, pero su santidad ha consistido en saber levantarse a tiempo y seguir adelante.

• El agobio del trabajo. Puede ser también que al darte cuenta de las necesidades que tiene la Iglesia, de los problemas que existen en el mundo, te sientas agobiado, como si te encontraras solo con una pala ante la misión de trasladar una montaña a otro lugar. El agobio te vuelve ineficaz y eso no lo quiere Dios. Hay mucho trabajo que hacer, pero debes empezar por lo que a ti te corresponde, en el estado y condición de vida en donde Dios te ha puesto. Si trabajas en lo que debes, Dios se encargará de lo demás. El agobio es el mismo que sintieron los apóstoles cuando Cristo les dijo que sentaran a las cinco mil personas y les dieran de comer. Los apóstoles pudieron conseguir solamente cinco panes y dos peces y Jesús hizo lo demás y todos quedaron saciados.

• El pesimismo. Los pesimistas no pueden ser apóstoles y mucho menos santos. Los pesimistas se quejan de su trabajo, de los pocos frutos que obtienen, de sus achaques, de sus problemas, del calor y del frío… El pesimista hace insoportable la vida a los demás, pues su tristeza se contagia. Los santos son alegres y optimistas, nada puede nublar su cara, pues saben que están en las manos de Dios, que es todopoderoso y que los ama.

• La rutina. Tal vez tu vida te parezca aburrida por ser igual a la del resto de los jóvenes que pueblan el mundo: la escuela, el trabajo, los amigos, las fiestas, la familia… ¡Bah! ¿En qué se diferencia tu vida de la del resto del mundo? ¿En qué te distingues tú, que quieres ser santo? Hay una frase que dice: “Con las mismas piedras se puede adoquinar una calle o construir una catedral”. Así es tu vida, tienes las mismas herramientas que cualquier otra persona de tu edad, pero si vives con rutina solamente verás piedras en las piedras. En cambio, si desechas la rutina, podrás ver en cada piedra la posibilidad de construir una catedral; empezarás a descubrir los milagros que Dios realiza frente a ti a cada momento. El secreto está en mantenerte en contacto con Dios para ver todo con ojos de Dios.

• El “aborregamiento”. Si observas a los borregos, verás que caminan en el anonimato: con las orejas caídas sin mirar al cielo; viendo mecánicamente al que va delante de ellos. Un santo nunca puede caminar como borrego, en medio de la multitud haciendo lo que los otros hacen. Tú eres diferente de los demás y no debes tener miedo de comportarte de manera diferente a los otros, que sólo reaccionan ante el aullido del coyote o el silbido del pastor. Para ser santo debes dejar de ser borrego; atreverte a caminar contra corriente en tu estilo de vestir, de divertirte, de hablar y de pensar, comportándote como lo que eres: un hijo de Dios.

• Las omisiones. Los santos no saben cruzar los brazos con una sonrisa y encogerse de hombros para contemplar cómo los demás caminan por senderos erróneos. Los santos están alerta para corregir, defender, enmendar los daños que otros puedan provocar; los santos buscan la ocasión de ayudar, no esperan que ésta les caiga encima, no se quejan de la situación del mundo: sino que luchan por hacerla mejor.


Comentarios al autor: lplanas@catholic.net

jueves, 21 de octubre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

San Lorenzo

San Lorenzo (mártir), uno de los diáconos de la iglesia romana, fue una de las víctimas de la persecución de Valeriano en el año 258, al igual que lo fueron el Papa Sixto II y muchos otros clérigos romanos. A comienzos del mes de agosto del año 258, el emperador emitió un edicto ordenando matar inmediatamente a todos los obispos, curas y diáconos ("episcopi et presbyteriet diacones incontinenti animadvertantur" -- Cipriano, Epist. lxxx, 1). Esta orden imperial se ejecuto inmediatamente en Roma. El 6 de agosto, el Papa Sixto II fue capturado en una catacumba y ejecutado de inmediato ("Xistum in cimiterio animadversum sciatis VIII id. Augusti et cum eo diacones quattuor." Cipriano, ep. lxxx, 1). Otros dos diáconos, Felicísimo y Agapito, fueron ejecutados el mismo día.
En el calendario romano de fiestas del siglo IV su fiesta coincide con dicha fecha. Cuatro días más tarde, el 10 de agosto del mismo año, Lorenzo, el último de los siete diáconos, también sufrió la muerte de un mártir. La muerte de este santo mártir es en esa fecha según el calendario de Filocalo para el año 354.
 Este almanaque es un inventario de las principales fiestas de los mártires romanos de mitad del siglo IV; también menciona la calle donde se encontraría su tumba, la Vía Tiburtina ("III id. Aug. Laurentii in Tibertina"; Ruinart, "Acta sincera", Ratisbona, 1859, 632). Los itinerarios de las tumbas de los mártires romanos, como se dieron a conocer en el siglo VII, mencionan que este mártir fue enterrado en la Catacumba de Ciriaca en agro Verano (De Rossi, "Roma Sott.", I, 178).
Desde el siglo IV, San Lorenzo ha sido uno de los mártires más venerados de la iglesia romana. Constantino el Grande fue el primero en erigir un pequeño oratorio sobre el lugar donde fue enterrado. El Papa Pelagio II (579-90) amplió y embelleció el lugar. El Papa Sixto III (432-40) construyó, en la cima de la colina donde fue enterrado, una gran basílica de tres naves cuyo ábside está apoyado en la vieja iglesia. En el siglo XIII, el Papa Honorio III convirtió los edificios en uno y así es como se encuentra la Basílica de San Lorenzo hoy en día. El Papa San Dámaso (366-84) escribió un panegírico en verso que se grabó en mármol y se colocó sobre su tumba. Dos contemporáneos de este Papa, San Ambrosio de Milán y el poeta Prudencio, dieron detalles concretos sobre la muerte de San Lorenzo. Ambrosio relata (De officiis min. Xxviii) cuando se le preguntó a San Lorenzo por los tesoros de la Iglesia, este,  hizo comparecer a los pobres entre los que, en lugar de darles limosna, había repartido el tesoro; también contó que cuando se llevaban al Papa Sixto II para ejecutarlo, éste reconfortó a San Lorenzo que deseaba compartir su martirio, diciéndole que le seguiría en tres días. El santo Obispo de Milán también explica que San Lorenzo fue quemado hasta la muerte en una parrilla de hierro (De offic., xli). De igual manera, pero con más detalles poéticos, Prudencio describe el martirio del diácono romano en su himno a San Lorenzo ("Peristephanon", Hymnus II).
El encuentro entre San Lorenzo y el Papa Sixto II, cuando éste último iba a ser ejecutado, según el relato de San Ambrosio, no es compatible con los informes contemporáneos sobre la persecución de Valeriano. La forma en que fue ejecutado –quemado en una parrilla de hierro al rojo vivo—también hace surgir importantes dudas. Las narraciones de Ambrosio y Prudencio se basan más en la tradición oral que en escritos. Es bastante posible que entre el año 258 y el final del siglo IV surgieran leyendas populares sobre esté diácono romano tan venerado y que algunas de esas historias hayan sido preservadas por estos dos autores. En cualquier caso, nosotros carecemos de medios para verificar en fuentes anteriores los detalles que derivan de San Ambrosio y Prudencio, o para establecer hasta que punto esos detalles se basan en la tradición histórica anterior. Probablemente, a principios del siglo VI se crearon otras versiones más completas sobre el martirio de San Lorenzo, y en estas narraciones muchos de los mártires de la Vía Tiburtina y de las dos Catacumbas de San Ciriaca en agro Verano y San Hipólito estaban relacionados de una forma romántica y totalmente legendaria.
 Los detalles que se dan en estas Actas sobre el martirio de San Lorenzo y su actividad antes de su muerte carecen de credibilidad. Sin embargo, a pesar de las críticas a las últimas versiones de su martirio, no cabe duda de que San Lorenzo fuera un personaje histórico real ni de que el diácono fue martirizado; tampoco existen dudas sobre el lugar donde ocurrió ni sobre la fecha de su entierro. El Papa Dámaso construyó una basílica en Roma dedicada a San Lorenzo; ésta es la iglesia conocida como San Lorenzo en Dámaso. La iglesia de San Lorenzo en Lucina, también dedicada a este santo, aún existe. El día de San Lorenzo sigue siendo el 10 de agosto (fecha de su muerte). Aparece dibujado con la parrilla de hierro en la que se supone que fue asado hasta la muerte.
J.P. KIRSCH
Transcrito por Paul T. Crowley
Dedicado al señor Larry Cope 

viernes, 24 de septiembre de 2010

jueves, 23 de septiembre de 2010

Padre Pio ruega por todos nosotros

25 de mayo, 1887. Nace
en Pietrelcina, Benevento, en
el sur de Italia. Sus padres,
Grazio "Orazio" Mario Forgione (1860-1946), granjero, y María Giuseppa de Nunzio Forgione (1859-1929).


Hogar de Padre Pío

26 de mayo, 1887. Bautizado en la Iglesia de Santa María de los
Ángeles. Recibe el nombre de Francesco Forgione.

27 de mayo, 1899. Recibe el Sacramento de la Confirmación.

6 y 22 de enero, 1903. A los dieciséis años entra al noviciado de Marcone. El 22 de enero es investido con el hábito de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos. Toma el nombre de Fra Pío (Fra por Fratello/Hermano).

22 de enero, 1904. Terminado el año de noviciado hace la Primera Profesión (profesión temporal) de los Consejos Evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia. Entra al convento de la provincia monástica y estudia para ordenarse sacerdote.

1907. Al cumplirse los tres años de los votos temporales hace su profesión perpetua o votos solemnes..

10 de agosto, 1910. Con férrea voluntad se sobrepone a graves problemas de salud, es ordenando sacerdote en la capilla del Arzobispo de Beneveto, pero los problemas de salud le obligan a residir con su familia, por largos periódos, hasta el 1916.

Septiembre, 1910. Recibe los estigmas visiblemente por primera vez, pero por poco tiempo y de forma intermitente. Ruega a Dios se los quite. Confía el acontecimientoa únicamente a su Director Espiritual.

Noviembre, 1911. El suceso sobrenatural llega a la atención de sus superiores cuando es observado un día en éxtasis.

28 de julio, 1916. Llega al Convento de San Giovanni Rotondo y permanece allí hasta su muerte.

5 a 7 de agosto, 1918. Transverberación del corazón, le causan heridas visibles en su costado. (La Transverberación del corazón es una experiencia mística de ser traspasado en el corazón, que indica la unión de amor con Dios.)
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Nuestra Señora de las Gracias
20 de septiembre, 1918. Mientras reza, luego de la Misa, en el área del coro de la antigua Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias, aparecen los estigmas de forma visible y permanen- te. El fenómeno perdurará por los próximos 50 años y le convertirá en el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia.

Pasa el resto de su vida rezando y ofreciendo a Dios sus sufrimientos
por la salvación de las almas.



1919. Comienzan a circular rumores en el pueblo del posible traslado del ¨santo¨ de San Giovanni Rotondo, lo que agita grandemente a la población.

2 de junio, 1922. El Santo Oficio (hoy Congregación para la Doctrina de la Fe) prohibe apariciones públicas y el acceso del público a Padre Pio.

1924-1931. En varias ocasiones la Santa Sede rechaza que el fenómeno sea de origen sobrenatural.

9 de junio, 1931. (Solemnidad de Corpus Christi). La Santa Sede ordena al Padre Pío desistir de toda actividad salvo la celebración de la Santa Misa, la cual sólo podrá celebrar en privado.

Principios de 1933. El Santo Padre Pío XI ordena al Santo Oficio que de marcha atrás y deje sin efecto la prohibición que pesaba sobre el Padre Pío de celebrar públicamente. Su Santidad Pío XI comenta al respecto: "Nunca sentí mala disposición hacia el Padre Pío, pero sí fuí malamente informado."

1934. Las facultades del Padre Pío son restauradas poco a poco. Se le permite confesar primero a hombres (25 de marzo, 1934) y luego confesar a mujeres (12 de mayo, 1934).

23 de septiembre de 1968. Fallece seramente en su celda a las 2:30 de la madrugada. Murió saludable y sin los estigmas, así como había profetizado en cierta ocasión. Sus últimas palabras: "Gesú e Maria" (Jesús y María).

26 de septiembre, 1968. El cuerpo del Padre Pío se entierra en una cripta en la Iglesia de Nuestra Señora de las Gracias. Asisten al funeral más de 100,000 personas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera.

Y fuera te andaba buscando y, como un engendro de fealdad, me abalanzaba sobre la belleza de tus criaturas.

Tu estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.

Me tenían prisionero lejos de ti aquellas cosas que, si no existieran en ti, serían algo inexistente.

Me llamaste, me gritaste, y desfondaste mi sordera.

Relampagueaste, resplandeciste, y tu resplandor disipó mi ceguera.

Exhalaste tus perfumes, respiré hondo y suspiro por ti.

Te he paladeado, y me muero de hambre y de sed.

Me has tocado, y ardo en deseos de tu paz.

domingo, 19 de septiembre de 2010

jueves, 16 de septiembre de 2010

Las catacumbas y sus simbolos

“Las catacumbas, a la vez que presentan el rostro elocuente de la vida cristiana de los primeros siglos, constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad. Al recorrer las galerías, se respira una atmósfera sugestiva y conmovedora. La mirada se detiene en la innumerable serie de sepulturas y en la sencillez que las caracteriza. Sobre las tumbas se lee el nombre de bautismo de los difuntos. Cuando se leen esos nombres, se tiene la impresión de oír otras tantas voces que responden a una llamada escatológica, y vienen a la memoria las palabras de Lactancia: “Entre nosotros no hay siervos ni señores; el único motivo por el que nos llamamos hermanos es que nos consideramos todos iguales”.JUAN PABLO II, “Las catacumbas cristianas constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad”)


"Las catacumbas hablan de la solidaridad que unía a los hermanos en la fe: las ofrendas de cada uno permitían la sepultura de todos los difuntos, incluso de los más indigentes, que no podían afrontar el gasto de la compra o la preparación de la tumba. Esta caridad colectiva representó una de las características fundamentales de las comunidades cristianas de los primeros siglos y una defensa contra la tentación de volver a las antiguas formas religiosas”.(JUAN PABLO II, “Las catacumbas cristianas constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad”)



Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad mayoritariamente pagana y hostil. Desde la persecución de Nerón (64 después de Cristo) se consideraba que su religión era "una superstición extraña e ilegal". Los paganos desconfiaban de los cristianos y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los peores delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la muerte.

Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.

Como a todos los antiguos, a los cristianos les agradaba mucho el simbolismo. Los símbolos expresaban visiblemente su fe. El término "símbolo" se aplica a un signo concreto o a una figura que, de acuerdo con la intención del autor, evoca una idea o una realidad espiritual. Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, el "orante", el monograma de Cristo y el pez.

El Buen Pastor con la oveja sobre los hombros representa a Cristo salvador y al alma que ha salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.

El orante: esta figura, representada con los brazos abiertos, es símbolo del alma que vive ya en la paz divina.

El monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro) superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega "Christòs" (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una tumba, indicaba que el difunto era cristiano.


El pez. En griego se dice "IXTHYS" (Ijzýs). Puestas en vertical, estas letras forman un acróstico: "Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér" = Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que significa la primera letra de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de Cristo, emblema y compendio de la fe cristiana.


Otros símbolos son la paloma, el Alfa y la Omega, el ancla, el ave fénix, etc.

La paloma con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.

El Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.


El ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el puerto de la eternidad.

El ave fénix, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un determinado número de siglos, es el símbolo de la resurrección.

Los símbolos y los frescos son como un Evangelio en miniatura, una síntesis de la fe cristiana.

lunes, 16 de agosto de 2010

viernes, 6 de agosto de 2010

domingo, 1 de agosto de 2010

viernes, 23 de julio de 2010

San Francisco Solano López . Se inicia el año dedicado al santo.


Francisco Solano López nació el 24 de julio de 1826 en Manorá, Asunción. Fue el primero de los cinco hijos legítimos de Don Carlos Antonio López y doña Juana Carrillo. Sus hermanos fueron Inocencia, casada luego con el General Vicente Barrios; Venancio; Rafaela, quien contrajo matrimonio con don Augusto Acevedo Pedra; y Benigno. Su padrino fue don Lázaro Rojas Aranda. Realizó sus primeros estudios con el maestro argentino Juan Pedro Escalada y, más tarde, con el jesuita Bernardo Parés. Tenía quince años cuando su padre accedió a la vida pública tras el fallecimiento del dictador Francia. Leía mucho, aprendió a hablar correctamente el francés y algo de inglés aún antes de su viaje a Europa. Ingresó muy joven al ejército, que en esa época era muy precario, siendo precisamente obra suya la optimización y profesionalización del mismo. En 1845, era ya coronel y al año siguiente fue nombrado comandante del cuerpo expedicionario cuando la Alianza suscrita por el Paraguay con la provincia de Corrientes por el tratado del 2l de noviembre de 1845, determinó la ayuda militar. Dice Arturo Bray: «En 1846 estaban ya frente a frente y en son de guerra, las provincias de Corrientes y Entre Ríos; esto es, Madariaga, gobernador de la primera, y el general Urquiza, por aquel entonces hombre de Rosas y sostenedor de su dictadura». Formó un ejército de 4200 hombres que debía ponerse bajo las ordenes del general Paz en Villa del Pilar. Allí conoció a Juanita Pesoa, de quien tendría tres hijos naturales. Antes de la partida, el ejército realizó el primer juramento a la bandera paraguaya, creada por ley del 25 de noviembre de 1842. El cuerpo expedicionario regresó a Paraguay, en 1846, sin haber entrado en combate. En el año 1849, fue comandante de la división paraguaya que reocupó las Misiones al sur del Paraná y, posteriormente, fue nombrado jefe del ejército nacional, con asiento en Pilar.
En 1853, con el cargo de brigadier general partió en misión especial a Europa. El objetivo era establecer relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, Francia, Prusia y Cerdeña, pero también el objetivo era adquirir barcos y armamentos. En París, conoció a la irlandesa Elisa Alicia Lynch, quien sería su compañera y la madre de sus hijos. Durante su misión, firmó un contrato de colonización para establecer una colonia Nueva Burdeos, en el actual asiento de Villa Hayes y adquirió el buque «Tacuarí» y armamentos en Inglaterra. Regresó a fines de 1854. En 1856, fue destacado para viajar a Río de Janeiro con el fin de establecer un tratado con el canciller Paranhos sobre navegación de los ríos. A causa de una enfermedad fue reemplazado por José Berges. Fue nombrado Ministro de Guerra ese mismo año. En 1858, actuó como plenipotenciario especial para efectivizar el tratado con Paranhos, en Asunción.
El 27 de setiembre de 1859, partió de Asunción a bordo del «Tacuarí», acompañado por un séquito formado por el mayor José María Aguiar, el capitán Rómulo Yegros y los alféreces José Díaz y Pedro Duarte con la misión de mediar en el conflicto entre los gobiernos de Paraná y Buenos Aires. El acuerdo firmado el 11 de noviembre y que se conoce como el Pacto de San José de Flores establecía que Buenos Aires se declara integrante de la Confederación Argentina siendo la República del Paraguay el garante del cumplimiento del convenio solicitado tanto por el Excelentísimo Presidente de la Confederación Argentina como por el Excelentísimo Gobierno de Buenos Aires. López recibió altos honores y el titulo de «pacificador», de parte de los generales Mitre y Urquiza, entre otras personalidades argentinas. De regreso al país se abocó a organizar un moderno ejército disciplinado, visitando constantemente la fortaleza de Humaitá (cuyas ruinas siguen hoy), recién construida. A mediados de 1862, fue designado sucesor de su padre en el gobierno en caso de acefalía, hasta tanto se reuniera un Congreso para elegir un nuevo mandatario. El 10 de setiembre, muere Don Carlos Antonio López. Francisco Solano, Ministro de Guerra, asume provisoriamente. El 16 de octubre de 1862, el Congreso lo eligió presidente por un periodo de 10 años.
Durante los primeros 3 años, su gobierno se caracteriza por una intensa actividad en la administración pública, se prolongó el ferrocarril (el primero de Sudamérica) hasta Pirayú, se inició la construcción del Palacio de Gobierno, del Oratorio de la Virgen de Asunción y del Teatro Nacional. Se fundaron nuevas escuelas y se otorgaron becas a jóvenes estudiantes para Europa. Creó un nuevo campamento en Cerro León, en el que reunió a cinco mil soldados. El Brasil estaba interviniendo abiertamente en la política interna del Uruguay apoyando al general Flores y a su partido colorado. Ante un pretendido conflicto en la frontera de Río Grande do Sul, Brasil envió a José A. Saraiva para exigir reparaciones al gobierno uruguayo. Vázquez Sagastume, ministro uruguayo, sin autorización del gobierno (según algunos autores), requirió el 13 de junio de 1863, la mediación del Paraguay en el conflicto entre el Uruguay y el Brasil. El gobierno paraguayo informó a Brasil que aceptaba ejercer la mediación solicitada por el ministro uruguayo. Mientras tanto en Uruguay la mediación estaba a cargo de un tercero, formado por el ministro inglés Thorton, el canciller argentino Elizalde y el representante brasileño Saraiva, que trataba de poner fin a la guerra civil (uruguaya) entre blancos y colorados. Brasil respondió que consideraba innecesaria su mediación y el gobierno uruguayo declaró que no precisaba de los buenos oficios del gobierno paraguayo.
Poco después Brasil inició los actos de agresión contra el gobierno blanco del Uruguay, López , confirmó su temor de que Brasil extendiera su imperio primero en Uruguay y luego en Paraguay, ante la no clarificación de los hechos por parte del ministro imperial Sauvan Vianna de Lima. El 30 de agosto, en una nota dirigida a Lima, por el canciller Berges señalaba que el gobierno de la República del Paraguay consideraba cualquier ocupación del territorio oriental por fuerzas imperiales como atentatorio al equilibrio de los Estados del Plata y que esta situación interesaba a la República del Paraguay como garantía de su seguridad, paz y prosperidad. Brasil invadió a Uruguay. El gobierno paraguayo secuestró el buque «Marqués de Olinda», que el 10 de noviembre de 1864 entraba a la rada de Asunción. El día 12, Berges comunicó al representante brasileño que quedaban rotas las relaciones diplomáticas y prohibida la navegación de los ríos de la República a los brasileños.
La campaña de Matto Grosso, fue confiada al general Vicente Barrios y partió el 24 de diciembre de 1864 con 3200 hombres en cinco vapores y tres goletas. El objetivo se cumplió con éxito.
Para llegar al estado brasileño de Río Grande do Sul, López, debía necesariamente cruzar por el territorio argentino. Informó entonces a Urquiza advirtiendo que ese cruce necesario no era «una amenaza a las provincias amigas de Entre Ríos y Corrientes, ni al gobierno nacional argentino». El general Urquiza expresó su apoyo a López , y le aconsejó solicitar oficialmente el tránsito al gobierno de Buenos Aires. El 14 de enero de 1865, Berges solicitó al canciller Elizalde que «los ejércitos de la República del Paraguay puedan transitar el territorio argentino de la provincia de Corrientes en el caso de que a ello fuesen obligados por las operaciones de la guerra...».
El Congreso extraordinario del 5 de marzo nombró a López, Mariscal de los Ejércitos de la República, creó la Orden Nacional del Mérito, autorizó la contratación de un préstamo y el 17 de ese mes, ante la noticia que la Argentina había permitido la subida del río Paraná a la escuadra brasileña del almirante Tamandaré que venia a bloquear Tres Bocas, autorizó la declaración de guerra al gobierno argentino.
Una columna paraguaya al mando del general Robles atacó y ocupó la ciudad de Corrientes avanzando hacia el sur. El 1° de mayo de 1865 el canciller argentino Elizalde, el representante brasileño Octaviano y el uruguayo Carlos de Castro firmaron el tratado secreto de la Triple Alianza. Salió de Encarnación otro ejército a las órdenes del teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia. El Mariscal López trasladó su Cuartel General a Humaitá. A fines de junio, el general Robles fue sometido a proceso y fusilado por indisciplina. Lo reemplazó el general Resquín. La división del teniente coronel Estigarribia se había apoderado de Uruguayana y su segundo Duarte ocupado Paso de los Libres. El 17 de agosto, el destacamento Duarte fue casi exterminado en la batalla de Yatay. Los aliados se concentraron luego sobre Uruguayana y el 19 de setiembre, Estigarribia se rindió.
Se evacuó el territorio de Corrientes y se establecieron en Paso de Patria. Se inicia la segunda etapa de la guerra, cuyas campañas más destacadas son las de Humaitá, Pikysyry y Las Cordilleras. La victoria de Curupayty frena la ofensiva aliada. El ejército paraguayo pelea en Corrales, Estero Bellaco, Tuyuty, Yatayty-Corá, Boquerón y Sauce. Cae Humaitá y López traslada su Cuartel General a San Fernando al norte del río Tebicuary. Una serie de informes llegados de Asunción, hacen que el gobierno acuse de conspiración y connivencia con el enemigo a figuras principales y se crean los tribunales que sentencian como culpables a los hermanos del Mariscal, Venancio y Benigno, sus dos cuñados Saturnino Bedoya y el General Barrios, al Canciller Berges, al Obispo Palacios y a centenares de hombres y mujeres. Es señalado como cabeza de la conspiración el ministro norteamericano Washburn junto con los cónsules de Francia, Italia y Portugal. De junio a diciembre de 1869 fueron fusiladas casi 400 personas. Los extranjeros debieron abandonar el país. Después vendrán heroicas batallas.
El 14 de febrero de 1870, el ejército se retira hasta Cerro Corá. Una columna brasileña despachada desde Concepción al mando del general Correa da Cámara se enfrenta el primero de marzo con el ejército de 200 hombres del Mariscal López. Fue herido de un lanzazo en el bajo vientre y de un sablazo en la frente. Auxiliado llega a orillas del río Aquidabán, y donde es alcanzado por el General Correa da Cámara, quien le intima a que se rinda. El Mariscal López se batió sable en mano hasta el final. Su última frase sigue siendo hasta la fecha una materia de controversia. Algunos historiadores señalan que dijo: «¡Muero por la Patria!» y otros: «¡Muero con la Patria!». Negándose a entregar su espada fue herido por otro soldado que lo ultimó de un tiro al corazón.

domingo, 18 de julio de 2010

Beata Isabel de la Trinidad, mística Carmelita.

ELEVACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

“Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayúdame a olvidarme totalmente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquilo, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, oh mi inmutable, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu morada de amor y el lugar de tu descanso. Que en ella nunca te deje solo, sino que esté ahí con todo mi ser, todo despierto en fe, todo adorante, totalmente entregado a tu acción creadora.

Oh mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser, en mi alma, una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte..., hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia: te pido ser revestido de Ti mismo, identificar mi alma con cada movimiento de la Tuya, sumergirme en Ti, ser invadido por Ti, ser sustituido por Ti, para que mi vida no sea sino irradiación de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero volverme totalmente dócil, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas mis impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz.

Oh Astro mío querido, fascíname, para que ya no pueda salir de tu esplendor.

Oh Fuego abrazador, Espíritu de amor, desciende sobre mí, para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él como una prolongación de su Humanidad Sacratísima en la que renueve todo su Misterio.

Y Tú, oh Padre, inclínate sobre esta pobre criatura tuya, cúbrela con tu sombra, no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien tienes todas tus complacencias.

Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad en que me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, hasta que vaya a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas”

Beata Isabel de la Trinidad

viernes, 16 de julio de 2010

"Jesús, aquí está Juan el lechero"

Qué es ser santo según el fundador del Opus Dei?

Beata Teresa de San Agustín Lindoine y compañeras 17 de julio. Martires

En París, capital de Francia, beatas Teresa de San Agustín (María Magdalena Claudina) Lindoine y quince compañeras, vírgenes del Carmelo de Compiègne y mártires, que durante la Revolución Francesa se mantuvieron fieles a la observancia monástica y ante el patíbulo renovaron las promesas bautismales y los votos religiosos. Cuyos nombes son: beatas María Ana Francisca de San Luis Brideau, María Ana de Jesús Crucificado Piedcourt, Carlota de la Resurrección (Ana María Magdalena) Thouret, Eufrasia de la Inmaculada Concepción (María Claudia Cipriana) Brard, Enriqueta de Jesús (María Gabriela) de Croissy, Teresa del Corazón de María (María Ana) Hanisset, Teresa de San Ignacio (María Gabriela) Trézelle, Julia Luisa de Jesús (Rosa) Chrétien de Neufville, María Enriqueta de la Providencia (Ana) Pelras, Constancia (María Genoveva) Meunier, María del Espíritu Santo (Angélica) Roussel, María de Santa Marta Dufour, Isabel Julia de San Francisco Vérolot, Catalina y Teresa Soiron.

miércoles, 14 de julio de 2010

sábado, 10 de julio de 2010

ACTO DE CONTRICIÓN

Ecce Homo (Murillo)

Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre, Redentor mío,
por ser tú quien eres, bondad infinita,
y por que te amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberte ofendido.


Ayudado de tu divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,

confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta,
para el perdón de mis pecados.



Amen.

¿QUIÉN ME ENSEÑÓ A ORAR?

Después de este rodeo biográfico, es hora de volver a las palabras de Lucas, que explican mi vida hoy. Sin embargo, era importante dar este rodeo para comprender cómo el Espíritu Santo forma a un hombre en la oración y le hace descubrir en esta oración su vocación última. A menudo se piensa que basta ser llamado a la oración, tener el deseo y la voluntad de orar, para ser hombre de oración. En esto nos equivocamos rotundamente; son las pruebas sobre todo las que nos enseñan a orar.

Nunca tocamos suficientemente a fondo la miseria para clamar a Dios, pues el grito que llega de lo profundo es siempre escuchado.

Todavía hoy, después de haber suplicado tanto y de encontrarme en un estado en el que no tengo más solución de recambio que la oración, estoy íntimamente persuadido de que apenas he comenzado a suplicar. Cualesquiera que sean los gritos de angustia arrancados a nuestro corazón de piedra, no son nada al lado de lo que el Señor espera de nosotros en materia de súplica. Con un toque de humor, casi podríamos decir que ni siquiera hemos comenzado a suplicar. No soy yo quien lo dice, sino el mismo Jesús, que amonesta a sus apóstoles con estas palabras: Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestra dicha sea completa (Jn 16,24).

Pero reconozco también que no sabría nada de la oración de súplica, de la que tantos religiosos, e incluso sacerdotes, no conocen gran cosa, cuando no la critican incluso, si no hubiera pasado por las pruebas que he experimentado. Y en este sentido doy gracias a Dios por haberme hecho pasar por ahí, pues era el único medio de sumirme en la oración. Una historia que ya he contado en La oración del corazón permitirá comprenderlo.

Se trata de Máximo, un joven griego, que oye la llamada a ir al desierto para realizar las palabras de Jesús: Hay que orar siempre sin desfallecer. Se va, y el primer día todo marcha bien. Se pasa el día rezando el padrenuestro y el avemaría. Pero se pone el día, oscurece y comienza a ver surgir formas y brillar ojos en la espesura. Entonces le invade el miedo, y su oración se hace más insistente: Jesús, hijo de David, ten compasión de mi, pecador. Y se duerme. Al despertarse por la mañana, se pone a rezar como la víspera; pero, como es joven, siente hambre y sed, y ha de alimentarse. Entonces comienza a pedir a Dios que le proporcione alimento; y cada vez que encuentra una baya, dice: "Gracias, Dios mío". Vuelve la tarde con los terrores de la noche, y se pone a rezar la oración de Jesús. Poco a poco se habitúa a los peligros exteriores: el hambre, el frío y el sol; pero, como es joven, siente tentaciones de todas clases en su corazón, en su alma y en su espíritu. Habituado ya a la lucha, repite la oración de Jesús. Se suceden los días, los meses y los años, y también el mismo ritmo de tentaciones, de oración, de pruebas, de caídas y de levantarse. Un buen día, al cabo de catorce años, van a verle sus amigos, y comprueban con estupefacción que está siempre orando. Le preguntan: "¿Quién te ha enseñado la oración continua?". Y Máximo les responde: "Sencillamente, los demonios".

Al contar esta historia, monseñor Antoine Bloom decía: "En este sentido, la oración continua es más fácil en una vida activa, en la que uno se siente hostigado por todas partes, que en una vida contemplativa, donde no existen preocupaciones". Las pruebas, las angustias, los sufrimientos y los peligros es lo que engendra la perseverancia, la cual nos impulsa a la oración incesante.

Pero queda otro paso por dar. Nos puede gustar rezar, e incluso rezar mucho, como el joven Máximo, bajo el peso de las tribulaciones y de la gracia; pero de ahí a ser de los elegidos que claman a Dios día y noche hay todavía un abismo. El impulso a hacerlo no proviene de nosotros, sino de una llamada especial del Espíritu, que, a menudo sin nosotros saberlo, nos coloca en un estado en el que no se puede hacer otra cosa que orar. Los que son llamados a ello actualizan hoy un aspecto muy preciso de la vida de Jesús: su oración apartada, de noche como de día, por la mañana antes del alba o entrada la noche. Lo mismo que otros se sienten llamados a actualizar su ministerio de anuncio del reino mediante la palabra y los signos de curación y de liberación realizados en los enfermos y los posesos. Ningún apóstol puede pretender reproducir él solo la vida total de Cristo. El que lo pretendiera no haría nada en absoluto. Al cristiano adulto se lo reconoce en que, deseando abarcar lo universal, encuentra la alegría y el descanso del corazón en limitarse a una tarea precisa, por ínfima que sea, como lo decía san Ignacio.

Jean Lafrance

martes, 6 de julio de 2010

Dialogos de Jesus con Sor Faustina (Divina misericordia)

La Virgen Maria de Medjugorje - Apariciones - Ivan Dragicevic, Parte 2 de 3

Sneijder se hace católico por amor

Miércoles, 23 de Junio de 2010


Sneijder se hace católico por amor


El jugador holandés del Inter de Milán, Wesley Sneijder, se bautizó en la Pinetina Appiano Gentile poco antes de viajar a Sudáfrica para disputar el Mundial de Sudáfrica para poder casarse por la Iglesia con su novia Yolanthe Cabau, holandesa nacida en Ibiza.

Aunque el holandés dice que tomó la decisión tras una experiencia con sus compañeros del Inter, la verdad es que también influyó mucho su novia, creyente, quien le regaló un rosario que siempre lleva en el cuello.


El jugador siguió un curso de catecismo para adultos, según informan los medios holandeses 'RKK' y 'De Volkskrant'. AS

domingo, 6 de junio de 2010

NO DEBEMOS JUZGAR AL PROJIMO.SAN DOROTEO DE GAZA

69. Hermanos, si recordamos bien los dichos de los santos Ancianos y los meditamos sin cesar, nos ser difícil pecar, nos ser difícil descuidarnos. Si como ellos nos dicen, no menospreciamos lo pequeño, aquello que juzgamos insignificante, no caeremos en faltas graves. Se lo repetiré siempre, por las cosas pequeñas, el preguntarse por ejemplo: ¿Qué es esto? ¿Qué es aquello?, nacer en el alma un hábito nocivo y nos pondremos a subestimar incluso las cosas importantes. ¿Se dan cuenta de qué pecado tan grande cometemos cuando juzgamos al prójimo? En efecto, ¿qué puede haber más grave? ¿Existe algo que Dios deteste más y ante lo cual se aparte con más horror?. Los Padres han dicho: "No existe nada peor que el juzgar" . Y sin embargo, es por aquellas cosas que llamamos de poca importancia por lo que llegamos a un mal tan grande. Si aceptamos cualquier leve sospecha sobre nuestro prójimo, comenzamos a pensar: " ¿Qué importancia tiene el escuchar lo que dice tal hermano? ¿Y si yo lo dijera también? ¿Qué importa si observo lo que este hermano o este extraño va a hacer? ". Y el espíritu comienza a olvidarse de sus propios pecados y a ocuparse del prójimo. De ahí vienen los juicios, maledicencias y desprecios y finalmente caemos nosotros mismos en las faltas que condenamos. Cuando descuidamos nuestras propias miserias, cuando no lloramos nuestro propio muerto, según la expresión de los Padres, no podemos corregirnos en absoluto sino más bien nos ocupamos constantemente del prójimo.

Ahora bien, nada irrita más a Dios, nada despoja más al hombre y lo conduce al abandono, que el hecho de criticar al prójimo, de juzgarlo o maldecirlo.

70. Porque criticar, juzgar y despreciar son cosas diferentes. Criticar es decir de alguien: tal ha mentido o se ha encolerizado, o ha fornicado u otra cosa semejante. Se lo ha criticado, es decir, se ha hablado en contra suyo, se ha revelado su pecado, bajo el dominio de la pasión.

Juzgar es decir: tal es mentiroso, colérico o fornicador. Aquí juzgamos la disposición misma de su alma y nos pronunciamos sobre su vida entera al decir que es así y lo juzgamos como tal. Y es cosa grave. Porque una cosa es decir: se ha encolerizado, y otra: es colérico, pronunciándose así sobre su vida entera. Juzgar sobrepasa en gravedad todo pecado, a tal punto que Cristo mismo ha dicho: Hipócrita, s cate primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver claro para sacar la paja del ojo de tu hermano (Lc 6, 42).

Ha comparado la falta del prójimo a una paja, y el juzgar, a una viga; así de grave es juzgar, más grave quizá que cualquier otro pecado que podamos cometer. El fariseo que oraba y agradecía a Dios por sus buenas acciones no mentía, decía la verdad; no es por eso por lo que fue condenado. En efecto, debemos agradecer a Dios por cualquier bien que podamos realizar, puesto que lo hacemos con su asistencia y su ayuda. Luego, no fue condenado por haber dicho: No soy como los otros hombres (Lc 18, 11). No, fue condenado cuando, vuelto hacia el publicano, agregó: ni como ese publicano. Entonces fue gravemente culpable, porque juzgaba a la persona misma de ese publicano, la disposición misma de su alma, en una palabra su vida entera. Y así el publicano se alejó justificado, mientras que él no.

71. No existe nada más grave, más enojoso, lo vuelvo a repetir, que juzgar o despreciar al prójimo. ¿Por qué más bien no nos juzgamos a nosotros mismos, ya que conocemos nuestros defectos, de los cuales deberemos rendir cuenta a Dios? ¿Por qué usurpar el juicio de Dios? ¿Cómo nos permitimos exigir a su creatura? ¿No deberíamos temblar oyendo lo que le sucedió a aquel gran Anciano, que al enterarse de que un hermano había caído en fornicación dijo de él: " ¡Oh! ¡Qué mal ha cometido!"? ¿No conocen la temible historia que refiere al respecto el libro de los Ancianos ? Un santo ángel llevó ante él el alma del culpable y le dijo: "Aquel que juzgaste ha muerto. ¿Dónde quieres que lo conduzca: al reino o al suplicio?" ¿Qué hay más terrible que esta responsabilidad? Porque las palabras del ángel al Anciano no quieren decir otra cosa que: "Puesto que eres tú el juez de justos y pecadores, dame tus órdenes con respecto a esta pobre alma. ¿La perdonas? ¿Quieres castigarla?" Así, este santo anciano, trastornado, pasó el resto de sus días entre gemidos, lágrimas y mil penas, suplicando a Dios le perdonara ese pecado Y esto después de haberse prosternado a los pies del ángel y de haber recibido su perdón. Porque la palabra del ángel: "Así Dios te ha mostrado cuán grave es el juzgar, no lo hagas más", significaba su perdón. Sin embargo el alma del Anciano no quiso ser consolada de su pena hasta su muerte.

72. ¿Por qué, entonces, queremos nosotros exigir algo del prójimo? ¿por qué querer cargarnos con el fardo de otro? Nosotros, hermanos, ya tenemos de qué preocuparnos. Que cada uno piense en sí mismo y en sus propias miserias. Sólo a Dios corresponde justificar o condenar, a él que conoce el estado de cada uno, sus fuerzas, su comportamiento, sus dones, su temperamento, sus particularidades, y juzgar de acuerdo a cada uno de estos elementos que sólo él conoce. Dios juzga en forma diferente a un obispo, a un príncipe, a un anciano y a un joven, a un superior y a un discípulo, a un enfermo y a un hombre de buena salud. Y ¿quién podrá emitir esos juicios sino aquel que todo lo ha hecho, todo lo ha formado, y todo lo sabe?

73. Recuerdo haber oído relatar el hecho siguiente: un navío cargado de esclavos echó el ancla en una ciudad donde vivía una virgen piadosa, muy preocupada por su salvación. Esta se alegró cuando supo de la llegada del barco, porque deseaba comprar una pequeña esclava. Pensaba: "La educaré como conviene, de tal forma que ignore absolutamente la malicia de este mundo". Hizo venir al patrón del barco que tenía justamente dos niñitas como ella quería. Enseguida pagó el precio y con alegría se llevó una de las pequeñas a su casa. Apenas se había alejado la piadosa mujer, una miserable comediante salió al encuentro del patrón y viendo a la otra niña que lo acompañaba quiso comprarla. Se entendieron por el precio, pagó y se fue, llevándose consigo a la niña.

¡Vean, hermanos, el misterio de Dios, vean sus juicios! ¿Quién podrá explicarlo? La piadosa virgen que tomó esa pequeña la crió en el temor de Dios, la formó en las buenas obras, le enseñó todo sobre la vida monásticas en una palabra, le hizo conocer el buen aroma de los santos mandamientos de Dios.

La Comediante, por el contrario, tomó a la desdichada para hacer de ella un instrumento del diablo. ¿Qué otra cosa podría enseñarle, esa arpía, más que la perdición de su alma? ¿Qué podríamos decir nosotros de este horroroso reparto? Las dos eran pequeñas, las dos fueron llevadas para ser vendidas sin saber adónde iban. Y he aquí que una de ellas se encontró en las manos de Dios y la otra en las del diablo. ¿Podríamos decir que Dios pedirá a esta lo mismo que a aquella? ¿Cómo podría hacerlo? Y si las dos cayeran en la fornicación o en otro pecado, aunque la falta fuera idéntica, ¿podríamos decir que las dos recibir n el mismo juicio? ¿Cómo admitirlo? Una de ellas ha sido instruida sobre el juicio y el Reino de Dios y ha puesto en práctica día y noche las palabras divinas, mientras que la otra desdichada no ha visto ni oído nada bueno sino al contrario, todas las ignominias del diablo. ¿Ser posible que ambas sean juzgadas con el mismo rigor?.

74. En consecuencia el hombre no puede conocer nada de los juicios de Dios. Sólo Dios puede comprender todo y juzgar los asuntos de cada uno según su ciencia única. En realidad ocurre que un hermano hace en la simplicidad de su corazón un acto que complace a Dios más que toda tu vida, y tú, ¿te eriges en juez suyo y dañas así tu alma? Si él llegara a caer, ¿cómo podrías saber cuántos combates ha librado y cuántas veces ha derramado su sangre antes de cometer el mal? Quizá su falta cuente ante Dios como una obra de justicia, porque Dios ve su pena y el tormento que ha soportado anteriormente; siente piedad de él y lo perdona. Dios tiene piedad de él y de ti, ¡tú lo condenas para tu perdición! Y ¿cómo podrías conocer todas las lágrimas que ha derramado sobre su falta en presencia de Dios? Tú has visto el pecado, pero no conoces el arrepentimiento.

A veces no solamente juzgamos sino que además despreciamos. En efecto, como ya lo he dicho, una cosa es juzgar y otra despreciar. Hay desprecio cuando no contentos con juzgar al prójimo, lo execramos, le tenemos horror como a algo abominable, lo que es peor y mucho más funesto.

75. Aquellos que quieren ser salvados no se ocupan de los defectos del prójimo, sino siempre de sus propias faltas, y así progresan. Tal era aquel monje que viendo pecar a su hermano decía gimiendo: "¡Desdichado de mí! ¡Hoy él, y mañana seguramente seré yo!" ¡Vean qué prudencia! ¡Qué presencia de espíritu! ¿Cómo ha encontrado la forma de no juzgar a su hermano? Al decir: "¡Seguramente seré yo mañana!", se inspiró en el temor y la inquietud por el pecado que esperaba cometer y así evitó juzgar al prójimo. Pero no contento con esto se ha humillado por debajo de su hermano agregando: "El ha hecho penitencia por su falta, pero yo no la hago, ni llegaré a hacerla, seguramente no, porque no tengo voluntad para hacer penitencia".

Vean, hermanos, la luz de esta alma divina. No sólo ha podido abstenerse de juzgar al prójimo sino que se tiene por inferior a él. Y nosotros, miserables como somos, juzgamos a diestra y siniestra, sentimos aversión y desprecio cada vez que oímos o sospechamos cualquier cosa.

Lo peor es que, no contentos por el daño que nos hemos hecho a nosotros mismos, nos apresuramos a decir al primer hermano que encontramos: "Ha pasado esto y esto otro", y le hacemos mal también a él, echando el pecado en su corazón. No tememos a aquel que dijo: ¡Ay de aquel que haga tomar a su prójimo una bebida impura! (Ha 2, 15). Pero hacemos el trabajo del demonio y no nos preocupamos. Porque ¿qué puede hacer un demonio sino perturbar y dañar? Es así como colaboramos entonces con los demonios no sólo para nuestra perdición sino también para la del prójimo. Aquel que daña a un alma trabaja con los demonios y los ayuda, así como aquel que practica el bien trabaja con los ángeles santos.

76. ¿De dónde proviene esta desdicha sino de nuestra falta de caridad? Si tuviéramos caridad acompañada de compasión y pena, no prestaríamos atención a los defectos del prójimo según la palabra: La caridad cubre una multitud de defectos (I Pe 4, 8) y La caridad no se detiene ante el mal, disculpa todo, etc. (I Co 13, 5-6).

Luego, si tuviéramos caridad, ella misma cubriría cualquier falta y seriamos como los santos cuando ven los defectos de los hombres. Los santos ¿acaso son ciegos por no ver los pecados? ¿Quién detesta más el pecado que los santos? Sin embargo no odian al pecador, no lo juzgan, no le rehuyen. Por el contrario, lo compadecen, lo exhortan, lo consuelan, lo cuidan como a un miembro enfermo: hacen todo para salvarlo. Vean a los pescadores: con su anzuelo echado al mar, han atrapado un gran pez y sienten que se agita y se debate, pero no lo sacan enseguida con gran esfuerzo, porque la línea se rompería y todo estaría perdido, sino que diestramente le aflojan el hilo y lo dejan ir por donde quiere. Cuando perciben que está agotado y que su afán mengua, comienzan a tirar poco a poco de la línea. De la misma manera los santos por la paciencia y la caridad atraen al hermano en lugar de rechazarlo lejos de sí con repugnancia. Cuando una madre tiene un hijo deforme no lo abandona horrorizada; sino que se afana en adornarlo y hacer todo lo posible para que sea agradable.

Es así como los santos protegen siempre al pecador, lo preparan, y lo toman a su cargo para corregirlo en el momento oportuno, para impedirle dañar a otro y también para que ellos mismos progresen más en la caridad de Cristo.

¿Qué hizo San Ammonas cuando los hermanos alterados fueron a decirle: "Ven a ver, abba, hay una mujer en la celda de tal hermano"? ¡Qué misericordia, qué caridad testimonió esa santa alma! Sabiendo que el hermano había escondido a la mujer bajo el tonel, se sentó arriba y ordenó a los otros buscar en toda la celda. Como no la encontraran les dijo: " ¡Dios los perdone!". Y haciéndoles sentir vergüenza, les ayudó a no creer más, con facilidad, en el mal del prójimo. En cuanto al culpable lo curó no solamente protegiéndolo ante Dios, sino corrigiéndolo cuando encontró el momento favorable. Porque luego de haber despedido a todo el mundo, lo tomó de la mano y le dijo: "Preocúpate de ti mismo, hermano". Enseguida el hermano fue penetrado de dolor y compunción y obraron en su alma la bondad y la compasión del anciano.

77. Adquiramos nosotros también la caridad. Adquiramos la misericordia respecto del prójimo para evitar la terrible maledicencia, el juzgar y el despreciar. Ayudémonos los unos a los otros como a nuestros propios miembros. Si alguien tiene una herida en la mano, en el pie o en otra parte, ¿siente acaso asco de sí mismo? ¿Se corta el miembro enfermo aunque se esté pudriendo? Mas bien ¿no lo lavar , limpiar , le pondrá emplastos y vendajes, lo untar con óleo santo, rogar y hará rogar a los santos por él, como dice Abba Zósimo? . En resumen no abandona su miembro, no le asquea su fetidez, hace todo por curarlo. Así debemos compadecernos unos de otros, ayudarnos mutuamente, o valiéndonos de otros más capaces, hacer todo con el pensamiento y con las obras para socorrernos a nosotros mismos y los unos a los otros. Porque somos miembros los unos de los otros, dice el Apóstol (Rm 12, 5). Luego, si formamos un solo cuerpo y si somos cada uno por nuestra parte miembros los unos de los otros (Rm 12, 5), cuando un miembro sufre todos los miembros sufren con él (I Co 12, 26). A su entender, ¿qué son los monasterios? ¿No son como un solo cuerpo con sus miembros? Los que gobiernan son la cabeza, los que cuidan y corrigen son los ojos, los que sirven por la palabra son la boca, las orejas son los que obedecen, las manos los que trabajan, los pies los que hacen los encargos y aseguran los servicios. ¿Eres la cabeza? Gobierna. ¿Eres los ojos? Sé atento y observa. ¿Eres la boca? Habla para provecho. ¿Eres la oreja? Obedece; ¿la mano? Trabaja; ¿el pie? Cumple tu servicio. Que cada uno, como pueda, trabaje por el cuerpo. Sean siempre solícitos en ayudarse los unos a los otros, ya sea instruyendo y sembrando la Palabra de Dios en el corazón de su hermano, ya sea consolándolo en el momento de prueba o prestándole asistencia y ayudándolo en su trabajo. En una palabra, cuide cada uno, como pueda, según ya les he dicho, de que permanezcan unidos los unos a los otros. Ya que cuanto más unido se está al prójimo, más unido se está a Dios.

78. Para que comprendan el sentido de esta palabra voy a darles una imagen sacada de los Padres: Supongan un círculo trazado sobre la tierra, es decir una circunferencia hecha con un compás y un centro. Se llama precisamente centro al centro del círculo. Presten atención a lo que les digo. Imaginen que ese círculo es el mundo, el centro, Dios, y sus radios, las diferentes maneras o formas de vivir los hombres. Cuando los santos deseosos de acercarse a Dios caminan hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior se van acercando uno al otro al mismo tiempo que a Dios. Cuanto más se aproximan a Dios, más se aproximan los unos a los otros; y cuanto más se aproximan los unos a los otros, más se aproximan a Dios. Y comprender n que lo mismo sucede en sentido inverso, cuando dando la espalda a Dios nos retiramos hacia lo exterior, es evidente entonces que cuanto más nos alejamos de Dios, más nos alejamos los unos de los otros y cuanto más nos alejamos los unos de los otros más nos alejamos también de Dios. Tal es la naturaleza de la caridad. Cuando estamos en el exterior y no amamos a Dios, en la misma medida estamos alejados con respecto al prójimo. Pero si amamos a Dios, cuanto más nos aproximemos a Dios por la caridad tanto más estaremos unidos en caridad al prójimo, y cuanto estemos unidos al prójimo tanto lo estaremos a Dios.

¡Que Dios nos haga dignos de comprender aquello que nos es provechoso y realizarlo! Porque cuanto más nos preocupemos por cumplir diligentemente lo que entendemos, más nos dar Dios su luz y nos enseñar su voluntad.

viernes, 28 de mayo de 2010

miércoles, 19 de mayo de 2010

lunes, 17 de mayo de 2010

Ven Santo Espiritu. Nos preparamos para recibirlo este domingo

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.
Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tu, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos. Amén.

V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.

viernes, 30 de abril de 2010

En el camino de santificacion debemos trabajar en determinarnos en ser hombres y mujeres virtuosos. Aqui dejo una sintesis acerca de las virtudes


Las virtudes son el patrimonio moral del hombre. Ellas le ayudan a comportarse bien en toda circunstancia, es decir, a hacerle bueno en el sentido más verdadero y completo. Ningún hombre nace bueno o malo, como nadie nace médico o artesano, pero de la naturaleza recibe la capacidad para llegar a serlo. Y el deber de ser virtuosos, es decir, buenos en el sentido auténtico, debe ser un empeño de todos porque todos deben buscar mejorar moralmente. No existe otra posibilidad: o se hace uno mejor o se hace peor. Esto significa o que se adquieren las virtudes o nos abandonamos a los vicios.

El hombre se encuentra frente a una bifurcación: no se puede no elegir. Se elige el bien, mejora; en caso contrario empeora. Por ejemplo, quien elige ser mesurado en la mesa, hoy, mañana, etc., se hace sobrio y libre ante las atracciones de la comida. Por el contrario, quien es desordenado, hoy, mañana, etc., se hace viciosos y esclavo de los impulsos del momento.

El hombre virtuosos es un persona verdaderamente libre. El fumador empedernido esta sometido por el tabaco, el alcoholizado no es una persona libre para elegir en materia de alcohol, el drogadicto es una persona encadenada. Son todos ejemplos de esclavitud.

La adquisición de las virtudes es el único camino para ser verdaderamente libres, maduros, dueños de las propias acciones. Se comprende entonces la importancia vital del mandato de Jesús: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 48). Lo que significa: haceros virtuosos, es decir, buenos, haced el bien imitando a vuestro Padre celestial.

36. ¿Qué es la virtud?

La virtud es un hábito bueno que hace al hombre capaz de cumplir el bien de un modo fácil y gratificante.

37. ¿Cómo se dividen las virtudes?

La distinción fundamental es entre virtudes adquiridas, es decir, que se adquieren con nuestro esfuerzo a través de la repetición de acciones buenas, y virtudes infusas, es decir, recibidas como don de Dios junto con la gracia santificante.

38. ¿Cuáles son las principales virtudes adquiridas?

Las virtudes adquiridas, llamadas también virtudes morales, se reagrupan en torno a cuatro virtudes fundamentales, llamadas cardinales, y que son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

39. ¿Qué es la prudencia?

La prudencia es la virtud que nos dispone para comprender en toda circunstancias lo que hay que hacer.

40. ¿Qué es la justicia?

La justicia es el firma propósito de dar a cada uno lo que le es debido.

41. ¿Qué es la fortaleza?

La fortaleza es la constancia para alcanzar el bien y la capacidad de superar los obstáculos que a ello se oponen.

42. ¿Qué es la templanza?

La templanza es el pleno dominio de sí mismo que nos pone en condición de no dejarnos vencer por los placeres de los sentidos.

43. ¿Cuál es la utilidad de estas virtudes?

Las virtudes cardinales, y en general todas las otras virtudes morales ligadas a ellas, nos permiten cumplir el bien prontamente, con naturalidad y con alegría.

44. ¿Es posible hacer el bien sin las virtudes?

Sin las virtudes el hombre puede hacer alguna acción buena, si quiere, pero la mayoría de las veces puede hacerlo sólo con fatiga y con esfuerzos, por lo cual no puede ser constante en el bien.

45. ¿Cuáles son las principales virtudes infusas?

Las principales virtudes infusas son la fe, la esperanza y la caridad, que toman el nombre de virtudes teologales porque se refieren directamente a Dios.

46. ¿Qué es la fe?

La fe es la virtud teologal mediante la cual creemos firmemente lo que Dios ha revelado y la Santa Iglesia nos propone como verdades que hay que creer.

47. ¿Es necesario creer todas las verdades reveladas?

Es necesario creer todas las verdades reveladas por Dios y propuestas infaliblemente por el Magisterio de la Iglesia. Si se niega una sola verdad no se es católico.

48. ¿Cómo se puede volver a ser creyente católico?

Se puede recobrar la fe perdida y volver así a ser creyente católico arrepintiéndose del pecado cometido y creyendo de nuevo todo lo que la Iglesia enseña. Sin embargo, es necesario tener presente que quien ha renegado expresamente de la fe debe también pedir a la autoridad competente la absolución de la excomunión en la cual ha incurrido con tal pecado.

49. ¿Qué es la esperanza?

La esperanza es la virtud teologal gracias a la cual deseamos y aguardamos la vida eterna que Dios nos ha prometido, y las ayudas necesarias para obtenerla.

50. ¿En qué se funda nuestra esperanza?

Nuestra esperanza se funda en la misericordia de Dios y en los méritos de Jesucristo, Nuestro Salvador.

51. ¿Qué es la caridad?

La caridad es la virtud teologal mediante la cual amamos a Dios sobre todas las cosas en cuanto bondad infinita que nos llama a participar de su misma vida mediante la gracia, y amamos al prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

52. ¿En qué medida debemos amar a Dios?

Debemos amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, es decir, sin medida.

53. ¿Hay un grado mínimo en la caridad?

La caridad exige como mínimo que se esté dispuesto a renunciar a cualquier bien creado antes de ofender a Dios con el pecado mortal.

54. ¿La caridad puede alcanzar la perfección en esta vida?

Se dice que en esta vida la caridad es perfecta cuando excluye no sólo todo pecado mortal o venial deliberado, sino también todo aquello que puede impedir amar a Dios con todo el corazón. El cristiano que ha alcanzado este grado de amor vive en plenitud las bienaventuranzas evangélicas.

55. ¿Cuáles son las bienaventuranzas evangélicas?

Las bienaventuranzas evangélicas proclamadas por Jesús en el sermón de la montaña (Mt 5, 3-10) son:

- Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
- Bienaventurados los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
- Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.
- Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
- Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
- Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios.
- Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque ellos es el Reino de los cielos.

56. ¿A quién se dirige la virtud de la caridad?

La virtud de la caridad se dirige ante todo a Dios, y después se extiende también a nosotros mismos y a nuestro prójimo, es decir, a todos los hombres indistintamente, como también a los ángeles del cielo.

57. ¿Debemos amar también a los enemigos?

Debemos amar también a los enemigos, porque Dios los ama y quiere que se salven. Y se nos pide como mínimo que no los excluyamos de aquellos signos de buena educación que mostramos generalmente a todos los hombres.

58. ¿Cómo se puede perder la caridad?

La caridad se pierde cuando se comete cualquier pecado mortal.

59. ¿Cómo se puede recobrar la caridad perdida?

L caridad perdida se puede recobrar solo con el sacramento de la Penitencia o Confesión, o al menos con un acto de constricción perfecta unido al propósito de confesarse.

60. ¿Qué son los dones Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes, ligadas a la caridad, que hacen al hombre dócil para seguir las inspiraciones del Espíritu Santo.

61. ¿Cuántos y cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo son siete, a saber: la sabiduría, la inteligencia, el consejo, la fortaleza, la ciencia la piedad y el temor de Dios.

62. ¿Quién tiene los dones del Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo se encuentran en quien posee la caridad. Como la caridad pueden ser más o menos intensos. Su mayor influjo caracteriza la vida mística.

Ama y haz lo que quieras ¡qué profunda expresión!


San Agustín:
Para hablar de San Agustín necesitaríamos de una enciclopedia completa, no sólo por su vida, sus obstáculos y sus respuestas y su obra misma, sino porque él mismo escribió una serie de libros y sermones muy inspiradores. Mencionaré aquí tan solo una pequeña frase de él: Ama y haz lo que quieras.

Ama y haz lo que quieras ¡qué profunda expresión! Si amamos podemos hacer lo que queramos ¿cómo está esto? En primer lugar a ¿quién hay que amar? "Amarás al Señor tu Dios..." Y en segundo lugar "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si amamos a Dios, a mí y al prójimo, no buscamos el mal sino el bien. No encontramos vacío sino satisfacción divina. Si amamos le procuramos el bien a todos. Si amamos estamos en el camino correcto, en el camino que Dios nos ha trazado y que espera que elijamos. Si amamos podemos hacer lo que queramos, porque todo lo que queramos estará orientado por Dios. El ya nos ha dicho que hacer. El ya nos dió Sus Mandamientos. Ama y haz lo que quieras, que lo que quieras será siempre lo que Dios quiera.

Quod isti et istae potuerunt tu non poteris?

Lo que éstos y éstas pudieron ¿no lo podrás tú también? Todos podemos ser Santos. Este es el mensaje que nos dan todos los Santos.

San Agustín trataba de convertirse. Atraído por el ideal de santidad y de pureza que veía en el Cristianismo, quería llegar a él. Pero sentía en su carne la huella del pecado hecho ya hábito, y el ideal de pureza cristiana se le hacía inalcanzable. Pero al mismo tiempo veía desfilar ante sí la multitud de Santos. Y los veía niños, jóvenes, adultos y ancianos, lo mismo hombres que mujeres, lo mismo amas de casa que trabajadores de la construcción, lo mismo sacerdotes que campesinos, lo mismo maestras que profesionistas de las diversas áreas.

Todos estamos llamados a ser Santos.

Dios le llamaba, como nos llama a cada uno de nosotros. Y al igual que muchos de nosotros, estaba confundido. Su madre, Mónica (que también llegó a ser Santa) rezaba por él todos los días, durante muchos años, y derramando intensas lágrimas le pedía a Dios por la conversión de su hijo. Fue entonces, cuando iluminado por la gracia, Agustín cambió radicalmente su
vida, respondiendo así al llamado que Dios le hacía.

Y lo que San Agustín pudo ¿no lo podrás tú también?

Se relata en sus memorias que tiempo después de su conversión, cuando caminaba por una calle, unas muchachas le llamaban con insistencia 'Agustín, Agustín' le gritaban, '¿no nos reconoces? Somos las mismas'. Agustín se detuvo, volteó y les dijo: "En cierto que ustedes son las mismas, pero yo, ya no soy el mismo".

¿Eres débil? Ellos, los Santos, también lo fueron. ¿Te llegan tentaciones? También a ellos. ¿Has caído muchas veces? Quizá muchos de ellos también. ¿Te parece angosto el camino? El de ellos también. ¿Podrás ser Santo? Ellos pudieron. ¿Necesitas de la ayuda de Dios? Desde luego, ellos pudieron gracias a Dios. Pero Dios siempre nos ayuda, es sólo que a veces queremos hacerlo sin su ayuda y sin El nada podemos.

Quod isti et istae potuerunt tu non poteris?
Lo que éstos y éstas pudieron ¿no lo podrás tú también?